Breve historia de Diego Torres Villarroel

Personaje curioso, este don Diego! Nacido de librero salmantino compaginó de efebo sus dotes de buen discípulo con su carácter travieso por el que se ganó el sobrenombre de piel de diablo. Sus ratos ociosos los ocupaba en el negocio familiar devorando todo tipo de libros, en especial los de matemáticas y astrología. Cuando terminó su educación básica ya se había granjeado numerosos problemas pues el niño salió algo delincuente, así que decidió emigrar a Portugal, donde nadie le conocía. En Oporto probó a ganarse la vida como bailarín, pero no le satisfizo y continuó probando diferentes estilos de vida: ermitaño, soldado. Durante estos años de su adolescencia se tiene constancia de que Don Diego fue torero, matemático, astrólogo, adivino, alquimista, hasta que comenzó estudios de medicina y comenzó a trabajar de curandero una temporada.

diego de torres villarroel

 

Por fin, cansado de la vida disipada, a los veintitantos regresó a Salamanca para establecerse. Allí montó un negocio: comenzó a autoeditar un almanaque de pronósticos (una especie de calendario de lo que iba a pasar los próximos años) firmando como El gran Piscator de Salamanca, con el que fundó este género periodístico que alcanzó gran éxito en su tiempo. Al poco tiempo, se convirtió en un personaje extremadamente famoso, en especial desde que acertase con la muerte de Luis I, el motín de Esquilache y la Revolución Francesa.

Cerca de cumplir los treinta años, este hombre, de carácter desenvuelto, sociable y accesible se trasladó a Madrid después de haberse graduado en Medicina en Ávila (donde le quisieron nombrar vicerrector, tal era su don de gentes). En la capital sobrevive haciendo trabajos de costura para un vendedor de la Puerta del Sol. Por fin encuentra trabajo en la Gaceta de Madrid escribiendo artículos de cotilleo sobre las gentes de la ciudad. Acabó ganándose el favor de una condesa que lo había reclamado como mago para que desencantase su casa (en la que, al parecer, los muebles se movían solos). Don Diego encontró así un puesto de criado interno y allí permaneció durante algunos años, utilizando su tiempo libre para leer y escribir sin parar. Pero su lengua le volvió a jugar malas pasadas, pues tras algunos comentarios desafortunados criticando la frivolidad de las clases altas, fue expulsado de la capital, y debe regresar a Salamanca. De este modo, y con treinta y tres años, se presenta a la cátedra de matemáticas en la Universidad que obtiene sin problema (recordemos que el analfabetismo entre la sociedad era extremadamente alto, y además España contaba con poco más de quince millones de habitantes, y más de la mitad vivía en el campo, con lo que no había demasiada competencia).

Estuvo cinco años impartiendo matemáticas en la Universidad a pesar de ser consciente de sus mínimos conocimientos en tal materia (qué poco ha cambiado la Universidad ¿no es cierto?). Compagina la docencia con los estudios y a los treinta y ocho se gradúa en Artes, disciplina de la que se hace maestro. Un nuevo delito sin aclarar provoca su expulsión de Salamanca, por lo que regresa a Portugal donde pasa dos años. De regreso a España comienza a alternar entre Salamanca (donde retoma sus clases) y Madrid (donde veranea y establece relaciones sociales). La duquesa de Alba le hospeda en su palacio. A la vejez, viruela, pues pasando el medio siglo, a Don Diego le da por arrepentirse de todas las fechorías de su pasado, y cual Earl Hickey se elaboró una lista, pero en su caso acabó por rayarse demasiado, lo que le provocó un cierto estado de depresión que le obligó a abandonar el trabajo y se oculta durante un tiempo. Cuando reaparece se ordena sacerdote, se jubila anticipadamente y se marcha a hacer el camino de Santiago, acompañado de un montón de fans (recordemos que había obtenido notable fama). Acabado el camino y concedida la indulgencia plenaria, se dedicó el resto de su vida a enriquecer la biblioteca de la universidad, a obras piadosas y a descansar. En resumen, un tipo curioso y de gran curiosidad, extremadamente famoso en su época e injustamente olvidado hoy en día, éxito de ventas y un escéptico redomado que llegó a rechazar las ideas de Newton.

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