El tímido pero brillante Henry Cavendish

El pequeño Henry nació con la vida resuelta, pero los caminos de la ciencia le llevaron a complicarse la existencia. Su padre, lord para más señas, no escatimó un real en la educación de su retoño, lo que le llevó a terminar su formación en Cambridge. Allí comenzó a labrarse la fama de bicho raro, ciertamente merecida, que le acompañó el resto de su vida.

henry cavendish

 

No hablaba más de lo estrictamente necesario, salía poco de casa, y cuando lo hacía siempre caminaba ensimismado, como si estuviese en otro planeta (el neurólogo Oliver Sacks cree que pudo tener el síndrome de Asperger). Pero en realidad, a Henry le obsesionaba el conocimiento. Se convirtió en una especie de freak de la física y de la química, y así con sus treinta y cinco años ya tenía en su currículum haber descubierto entre otras cosas las propiedades del hidrógeno, la densidad de la Tierra y de la atmósfera o la composición del agua.

De todos modos, Cavendish será recordado por sus expeditivos métodos de experimentación con las cargas eléctricas (no en vano fue ayudante de Benjamin Franklin): como por aquel entonces no existían herramientas de medición precisas de la intensidad de la corriente, decidió medirlas a partir del dolor que experimentaba en su cuerpo (imaginaos cómo debía de tenerlo después de años de investigaciones). En cualquier caso, sus trabajos sobre la electricidad permanecieron en la sombra hasta el siglo siguiente. Como veis, fue un personaje extremadamente excéntrico, lo que le valió para ingresar en la sociedad de los lunáticos (la llamada Sociedad Lunar de Birmingham) donde compartió copas y charlas con James Watt o Darwin entre otros.

También se dice que era bastante misógino: había ordenado a sus sirvientas que no se le pusieran a la vista y se comunicaba con ellas por medio de notas. Por supuesto jamás se casó. Siempre iba con la misma ropa, un traje violáceo desgastado que era su favorito y un sombrero de tres picos algo demodé (del siglo pasado). Dedicó su fortuna a comprar cientos y cientos de libros, creando una de las mejores bibliotecas del momento, donde se dice que no sólo anotaba los pocos libros que dejaba, sino los que sacaba él mismo.

Por fin, a los 72 años llegó su reconocimiento con el ingreso en la Royal Society. Ocho años más tarde fallecería dejando una considerable fortuna, cuantiosas notas e innumerables experimentos. Un científico francés dijo de él que fue “el más rico de todos los sabios, y muy posiblemente en el más sabio de todos los ricos”.

Real Time Web Analytics